Recuerdo que de pequeño, tras mis gruesas gafas, con mi raya al lado (que más bien era un hachazo en la cabeza) miraba las estúpidas series de televisión donde perfectos adolescentes tenían perfectos problemas con soluciones perfectas. Los veía, tan guapos, con tan amplias sonrisas, tan buenos estudiantes... Te hacían ver la vida desde una perspectiva considerada como normal, donde te podías encontrar problemas como que a no se quién le gusta una chica, o que una cria le ha tirado un helado en la camiseta y eso es motivo para llorar, gritar y correr como loca... Yo mientras me preguntaba porqué cojones estaba aqui, pero yo en su momento no consideraba raro que una persona con ocho años tuviera dudas existenciales.

Eso contribuía a mi depresión infantil: me veía feo, estúpido y alejado de la sociedad. Veía a la gente relacionarse sin problemas y yo pasaba dias y dias en mi casa, desmontando aparatos electrónicos (me encantaba ver los componentes que tenían los electrodomésticos de mi casa), comiendo pan con Nocilla y viendo la televisión, soñando algún dia con tener las estúpidas preocupaciones que tenían los adolescentes de la tele y, a la vez, con un odio visceral inmenso.

Seis o siete años después decidí cambiar de imagen, comencé a tontear con chicas y finalmente me convertí en una persona normal (bueno, normal nunca he sido, pero no era aparentemente un monstruo). Tuve un éxito completamente imprevisible con las féminas. Volví a deprimirme, viendo lo falso y estético que es el mundo.

Mi mente evolucionó y mis pintas "desmejoraron" (lo entrecomillo porque eso dice la sociedad, no yo). Y éste es el que soy. No sé si lo estoy haciendo bien o mal, pero he descubierto que tengo unas cositas dentro de mí que tienen prioridad sobre las de fuera. Esta es mi apuesta. Espero que tú tengas la tuya.

Si me disculpáis...