Aceptemos la situación, no me lo niegues porque te conozco. Sé que tú piensas lo mismo. ¿A donde nos lleva esto? Decide por mí, porque por más que intento desequilibrar la balanza, a cada momento del día pienso distinto. A veces pienso en lo desdichado que soy, en las piedras que me oprimen a los pies, enganchado a tus raíces de las que no me dejas escapar. Otras me golpeo la cabeza entonando un mea culpa, pensando en tus largas ramas atrapándome en un busto lleno de apego y en lo que llego a venerarte.

Oh, dime tu. Háblame sobre lo que sientes, porque mi llama lucha por mantenerse encendida en un cubil ventanado seducido por los aires de libertad. Quiero saber en qué se basa tu intuición para decir que me amas como dices que lo haces.

Si sabes lo que haces, dime porqué.